El contra consumo tiene su día

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Programa de sensibilización ambiental

En 1992 la iniciativa de un trabajador del mundo de la publicidad – Ted Dave – dio origen a una acción contra el constante bombardeo del sobre consumo con su lema : “Lo bastante es suficiente”. Desde entonces cada año son más los países que se suman a esta idea por lo que en la última semana de Noviembre, este año el viernes 25 de Noviembre, se convoca a no comprar nada, escapar de la corriente consumista que las empresas y los publicistas imponen, especialmente en ciertas épocas del año.

Para ello se invita a toda la población a reducir al máximo las compras de esa jornada, limitándolas a lo realmente necesario, o incluso anularlas. El modelo de consumo en el que estamos instalados contribuye, de forma decisiva, al mantenimiento de una situación social y ambiental poco o nada sostenible, donde los medios de comunicación de masas representan un rol fundamental. pues actúan como cajas de resonancia de la publicidad.

Con esta idea inmersa en nuestra cultura de que el hiperconsumo es un indicador de desarrollo, vemos que en realidad ahonda las diferencias entre ricos y pobres a costa de la devastación de la naturaleza. Usar y tirar es la consigna, sin importar en la generación de toneladas de residuos, ni los recursos naturales y energéticos que demandó esa producción. A pesar que nos resulta complicado descubrir el origen de nuestros alimentos, de nuestros vestidos, de decenas de objetos cotidianos, cuando se sospecha que mucho, lo mejor, procede de los lugares donde falta de todo, muchas veces preferiríamos seguir en la ignorancia.

Afortunadamente para contrarrestar de alguna manera este consumo desenfrenado y como una forma de ir generando otra conciencia,  han surgido recientemente como brújulas para guiar este cambio ciertas iniciativas como el Indicador de Riqueza Genuino (IRG) que sustrae del PBI (Producto Bruto Interno) los costos ecológicos y los problemas sociales, poniendo énfasis en la calidad de vida.

Las crisis global generalizada que involucra tanto a la economía, el agua, la energía, los alimentos nos muestran que estamos siguiendo la ruta equivocada, por lo que hoy se puede decir que ha comenzado el ocaso del PBI con la búsqueda de nuevos indicadores de felicidad nacional que ponen más énfasis en la calidad de vida que sobre el incremento de la producción y los ingresos

A esto se suma el  “Índice del Planeta Feliz 2.0″(IPF), que sirve para trazar un nuevo camino hacia una economía de alto bienestar con bajas emisiones de carbono .Es la medida definitiva de eficiencia pues examina en detalle la economía desde su producción positiva (vidas con duración y felicidad variables) y sus inversiones esenciales (recursos limitados de la Tierra) y proporciona una guía irrefutable de lo que fundamentalmente nos interesa: nuestro bienestar en términos de vidas prolongadas, felices y con propósito y de lo que importa al planeta: nuestro promedio de consumo de recursos. El IPF cuenta con un prólogo del economista ecológico, Herman Daly y presenta también un “Manifiesto del Planeta Feliz” que plantea un esfuerzo colectivo global para lograr los objetivos planteados.

Si bien hay que reconocer que en algunos países el bienestar y la esperanza de vida combinados han aumentado un 15 por ciento en 45 años, han tenido un costo demoledor para la Tierra: un aumento en la huella ecológica de un 72 por ciento por individuo.

El Índice del Planeta Feliz sugiere que el rumbo que hemos tomado es, sin excepción, incapaz de lograr los tres propósitos: alto bienestar, alta esperanza de vida y vida en un solo planeta , pero las diferencias entre las naciones muestran que es posible vivir vidas prolongadas y felices con huellas ecológicas mucho más pequeñas que las de las naciones con mayor consumo

Esto según un informe en un grupo de 36 de las naciones más grandes donde fue posible un rastreo detallado durante un largo período, aproximadamente dos tercios aumentaron marginalmente sus puntajes de IPF entre 1990 y 2005, pero los tres países más grandes del mundo: China, India y los Estados Unidos (todos siguiendo agresivamente modelos de desarrollo basados en el crecimiento) han visto caer sus puntajes en ese tiempo.

Costa Rica lidera el Índice del Planeta Feliz 2.0. Los costarricenses reportan el más alto bienestar del mundo, poseen la segunda mayor esperanza de vida promedio en el Nuevo Mundo (segunda sólo después de Canadá) y tienen una huella ecológica que significa que el país falla por muy poco en alcanzar el objetivo de “vida en un solo planeta”, es decir, consumiendo su parte proporcional de los recursos naturales de la Tierra.

Para reforzar estos conceptos cabe recordar las acertadas palabras de Oswaldo de Rivero, , ex embajador del Perú en la ONU para un artículo en Le Monde Diplomatique de Agosto de 2010 “ Mas de dos siglos buscando la felicidad”

“Sin duda, cuando las futuras generaciones estudien como contabilizamos como desarrollo y felicidad nacional un crecimiento económico que consistía en recalentar la atmósfera, derretir los glaciares, crear escasez de agua, alimentos y subir peligrosamente el nivel de los mares, clasificará el PBI como el más conspicuo indicador de nuestra barbarie“.

El planteo es ¿cómo medir la felicidad de la gente?. El acceso a un conjunto de bienes y servicios como buenas escuelas, agua potable, energía eléctrica y otros no ha hecho que se recupere el punto de vista “estar bien en la vida”. En nuestra cultura se han roto los vínculos con uno mismo, con el otro , con el entorno El ser humano se ha desvinculado de la relación con la naturaleza y con los seres que habitan en ella. El cambio climático será una oportunidad, un gran maestro a la hora de enseñar nuevamente a recuperar valores esenciales

Desde de la cosmovisión indígena el respeto de la relación de reciprocidad entre los seres o espíritus de la naturaleza  y los seres humanos son esenciales. Muchos animales y plantas son seres con quienes tienen que convivir en armonía y que, si bien los necesitan para alimentarse y sobrevivir, no los consideran mercancía. Transgredir las reglas de relación armónica con estos seres puede traer consigo el fracaso total en lo personal, familiar, lo productivo o social.

Es por ello que muchos ancianos atribuyen los diversos problemas que se viven en las comunidades hoy en día que impiden el Buen Vivir ( los problemas de contaminación, de enfermedades, de conflictos familiares, fracaso en lo productivo etc) , como una consecuencia de haber dejado de lado un conjunto de prácticas de curación, de discursos de permiso y agradecimiento, de no seguir las prescripciones y prohibiciones del buen vivir, que propone medidas de equilibrio y complementariedad de los seres humanos y con su entorno natural

Sin embargo desde la mirada de la sociedad occidental una serie de encuestas ha desarrollado una disciplina llamado happylogía, que “que intenta detectar los factores que hacen felices a la personas en los países». Esta happylogía vuelve a confirmar que tener ingresos suficientes es importante para ser feliz, pero también lo es la estabilidad familiar, y ahora, sobre todo, la capacidad para adaptarse a la crisis económica, según Oswaldo Rivero “Lo cierto es que, todos estos estudios y encuestas sobre la felicidad, destacan que la suficiencia o insuficiencia de los ingresos, para consumir más allá de las necesidades básicas, sigue siendo el factor determinante de la felicidad o la infelicidad de las personas y de las naciones. Todo esto demuestra que, en la actual sociedad moderna, la felicidad es adquirir y consumir lo que la publicidad ofrece en el mercado, que no poder hacerlo crea frustración y vuelve infeliz. Y es curioso que, este delirio materialista consumista que caracteriza la moderna sociedad urbana e industrializada, no sea visto como la causa principal de la infelicidad”

Los psicólogos y psiquiatras tienen otra lectura de esta cultura adquisitiva. Ellos consideran que ganar más para adquirir más esta generando una neurosis, que el destacado psicólogo británico, Oliver James, llama: Afluenza,cuyo síndrome es un ansiedad permanente por tener mas y mejor.

Es el sentimiento o creencia de que las cosas que vas a consumir te darán felicidad y satisfacción en la vida. Lamentablemente la satisfacción o felicidad es temporal y hasta puede darte el remordimiento del comprador si compras algo sólo por la emoción del momento. Este síndrome adquisitivo, según la psicología y la psiquiatría del consumo, hace que nos identifiquemos por lo que tenemos y por lo que aparentamos. Todo lo cual, termina por crear un vacío espiritual que se manifiesta en neurosis adquisitivas que son, cada vez más corrientes, en las sociedades afluentes

Tanto el consumismo como la afluenza tienen su raíz en la falta de satisfacción por la vida que tienen muchas personas, la falta de autoconocimiento de aquello que sí quieren en la vida y lo que valoran. Si no eres consciente de lo que quieres ,será fácil que otros te digan que cosas deberías querer.

Creo que lo principal es buscar aquellas actividades por las que te sientas realmente comprometido. También establecer metas en distintas áreas de la vida pueden absorber el enfoque y atención personal y que al lograrlas darán un sentimiento que no se compra en ningún local.

Al comprar algo es necesario buscar el valor. Cuando compramos algo estamos votando por ese producto o servicio y toda la huella ( todos costos energéticos, sociales, ambiéntales, hídricos y sanitarios en la cadena de producción) que significó su producciónEs importante aprender a ver lo que hay detrás de las cosas y bienes que consumimos.

Lo cierto es que mientras nos enfrentamos a un futuro cada vez más incierto, necesitamos un nuevo modelo de desarrollo que produzca buenas vidas para todos y que no cueste un mundo

Con las decisiones de cada día, principalmente respecto al consumo, todos contribuimos a que nuestra sociedad sea más o menos justa y, por lo tanto, cada uno tiene su parte de responsabilidad social.

La sociedad de consumo debe graduarse en conducta ética. La llamada de la sostenibilidad no es más que el respeto a la comunidad humana y al entorno medioambiental de cada uno de los procesos productivos, a fin de no agotar los recursos y respetando los derechos humanos

Este día contra el consumo irracional es una oportunidad para hacer una llamada de atención a la destrucción humana y ambiental que ocasiona este patrón de consumo e invitarlos a todos a que sea la austeridad, con la limitación a lo absolutamente necesario, el paradigma del nuevo modelo productivo y de consumo. Si esto parece utópico es algo que sabrán nuestros descendientes.

 

Lic. Adela Alvarez, Humberto Nadal
Ecosalud- Tucumán – Argentina
Año 2011

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