Monsanto quiere producir 875.000 litros de este químico asesino de abejas en Malvinas Argentinas, Córdoba

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La clotianidina es un insecticida muy potente, 6750 veces más tóxico que el DDT. Se llaman insecticidas sistémicos a los que son absorbidos por la planta y se los encuentra en el líquido intersticial de la misma. Si se aplican a la semilla, como lo hace Monsanto, cuando aquella germina y crece la plántula, el veneno asciende por su savia y se lo detecta en toda la planta, al florecer se concentra en el polen y néctar de manera que los insectos atraídos por sus flores se envenenarán por el contacto.

La Red Universitaria de Ambiente y Salud advierte que: “para la 1ª fase de la planta (Malvinas Argentinas) se utilizarían 350.000 litros de plaguicidas al año, que corresponden al 20% de operaciones previstas; esto implica que el uso de plaguicidas podría trepar a 1.750.000 litros /año con el 100% de las operaciones previstas. Por lo menos la mitad de ese volumen, 875 mil litros, sería clotianidina”.

Un nuevo estudio científico descubrió una molécula clave que vincula a los neonicotinoides con el virus de las abejas de miel

Un grupo de científicos italianos halló el mecanismo molecular a través del cual los pesticidas neonicotinoides impactan adversamente en el sistema inmunológico de las abejas. Las experimentaciones del equipo sugieren que la exposición a neonicotinoides eleva el nivel de una proteína particular en las abejas, que inhibe a la molécula clave encargada de la respuesta inmune, logrando que los insectos sean más susceptibles a los ataques de virus dañinos.

Aunque estudios anteriores han indicado que incluso una exposición a una cantidad mínima de pesticidas neurotóxicos como ser neonicotinoides perjudican severamente a los sistemas inmunológicos de las abejas –pues las hacen más susceptibles a los agentes patógenos- el mecanismo subyacente aún no se había comprendido en su totalidad.

El estudio, publicado en las “Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América”, es uno de los más recientes trabajos que nuevamente refuerzan la urgencia de los reiterados llamamientos de Apicultores y Grupos conscientes estadounidenses a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos para que cese el uso de pesticidas neonicotinoides, tomando el ejemplo de la Comisión Europea que ya lo suspendió el pasado mes de abril.

Los neonicotinoides, una clase de insecticida que incluye clotianidina e imidacloprid, son absorbidos por el sistema vascular de la planta y liberados a través del polen y el néctar que las abejas bebe y utilizan para abastecerse. Son particularmente peligrosos porque –además de ser altamente tóxicos en altas dosis- también dan lugar a efectos prácticamente letales cuando los insectos son expuestos a dosis bajas de forma crónica: por medio del polen y las gotitas de agua mezcladas con el químico; además del polvo que se libera en el aire cuando se siembran semillas recubiertas con plantadores automatizados al vacío.

Estos efectos causan significativos problemas de salud a cada abeja de miel así como a las colonias en general. Los efectos incluyen alteraciones en la movilidad, en la conducta alimentaria, en el abastecimiento, en la memoria, en el aprendizaje y en la actividad de toda la colmena.

Hasta ahora, la relación causal entre la exposición a insecticidas y las alteraciones inmunológicas había sido poco clara. Francesco Pennachio, -Doctorado en la Universidad de Naples Federico II- y sus colegas identificaron un gen en los insectos, que es muy similar al que se encontró en otros animales y que es conocido por regular la respuesta inmunológica. Este gen codifica para una familia de leucinas enriquecidas (LRR) que fue exhibida  como supresora de la actividad de una proteína clave en la señalización inmunológica, llamada NF-κB.

Cuando los investigadores expusieron a las abejas a dosis subletales del neonicotinoide clotianidin, observaron un significativo aumento en la expresión del gen que codifica la proteína LRR, y una supresión de la vía de señalización de la NF-κB. En cambio, no se vieron estos efectos cuando las abejas fueron expuestas al insecticida organofosforado clorpirifo.

El equipo infectó abejas con un patógeno común: El virus de las alas deformadas (DWV). Las expuso a clotianidin y a otro neonicotinoide llamado imidacloprid en concentraciones similares a aquellas que podrían encontrarse en el campo. Los investigadores descubrieron un significativo incremento en la replicación del virus, que ni siquiera se había observado en las abejas no tratadas, como tampoco en las que fueron expuestas a cloripirifos. Mientras que el virus es común en abejas -usualmente permanece inactivo y es mantenido bajo control por el sistema inmunológico de los insectos-, los datos demuestran que los dos neonicotinoides promueven activamente la replicación de Virus de las alas deformadas (DWV).

“El efecto reportado en la inmunidad ejercida por los neonicotinoides permitirá pruebas toxicológicas adicionales para evaluar si la exposición crónica de las abejas a dosis subletales de agroquímicos puede afectar adversamente su sistema inmunológico y condiciones de salud”, sostiene un miembro del equipo: Franceso Nazzi, Doctorado en la Universidad de Udine.

“Por otro lado, nuestros datos indican la posible aparición de una modulación neural a la respuesta inmunológica en insectos, como en vertebrados” continuó Nazzi. “Esto sienta las bases para estudios futuros en este campo de investigación, y plantea la cuestión de cómo las sustancias neurotóxicas pueden afectar la respuesta inmunológica”.

Desde el 2006, las abejas de miel de todo el país han sufrido disminuciones poblacionales: abandono de la colmena y mortalidad, fenómeno conocido como Desorden de Colapso Colonial (CCD). Estos hallazgos agregan una pieza significativa de información  para el debate sobre la relación causal entre los pesticidas neonicotinoides y el CCD. Además, según los investigadores, este trabajo tiene importantes implicaciones para la toxicología y los estudios de evaluación de riesgo.

Los científicos concluyen:

Los resultados que reportamos indican claramente la necesidad de pruebas toxicológicas a largo plazo, con el objetivo de evaluar cómo la  progresión patógena en las abejas de miel es influenciada por los residuos de los insecticidas y por sus efectos acumulativos, tanto en adultos como en larvas. Una evaluación completa y exhaustiva del impacto de los insecticidas sobre las abejas contribuirá significativamente a la conservación y al desarrollo de protocolos más sustentables de agricultura intensiva.

Fuente: Scientists Discover Key Molecule Linking Neonicotinoids to Honey Bee Viruses

30 Oct 2013

Lic. Adela Álvarez

Miembro de la Comisión Cambio Climático del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil – Cancillería Argentina

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