Aniversario de la Catástrofe de Chernóbyl – 26 de abril

- Calendario Ambiental

El desamparo de los refugiados ambientales de la catástrofe en Argentina

En Ucrania, a unos 100 kilómetros al norte de Kiev, el 26 de abril de 1986 a la 1:23 hs. de (Moscú) el reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl sufre el mayor accidente nuclear conocido en su tipo hasta el presente. La explosión arrojó quinientas veces más material radiactivo que la bomba de Hiroshima.

A solo 2 minutos de haberse iniciado una incontrolada generación de vapor en el núcleo del reactor este queda fuera de control, superando en 100 veces los máximos admitidos; estallan por sobrepresión los conductos de alimentación y la coraza protectora de grafito del núcleo produciéndose un pavoroso incendio, y la expulsión al exterior de 8 toneladas de combustible radiactivo entre ellos radioisótopos de iodo I131 y de cesio, estos últimos con un período de desintegración promedio de 30 años, tras una doble explosión que destruye una parte del techo de la planta.

Causas

Entre las  principales causas de la Catástrofe de Chernobyl se pueden citar: fallas del personal, bajo nivel de calificación de los operadores y dirigentes de la central, insuficiente nivel de seguridad del reactor RBMK-1000

Consecuencias

La catástrofe, inicialmente disimulada en su verdadera magnitud por Rusia, trasciende al propagarse la radiación por toda Europa y requerirse explicaciones.

Las consecuencias inmediatas de la catástrofe afectan a un área con casi 5 millones de habitantes, contaminando el 23% de la superficie de la vecina Bielorrusia, partes de Rusia y Ucrania y algunas regiones de Polonia, República Checa y Alemania.

El 27 de abril -al día siguiente de la primera explosión en la planta ex soviética- se encontraron partículas radioactivas en las ropas de los trabajadores de la central nuclear sueca de Forsmark, a unos 1.100 km de la central ucraniana. Mediciones similares se fueron sucediendo en Finlandia y Alemania. Según el informe «definitivo» que en 2005 presentó el Foro de las Naciones Unidas sobre Chernobyl -en colaboración con los gobiernos de Bielorrusia, Rusia y Ucrania-, en torno a un millar de personas sufrieron una exposición intensa a altos niveles de radiación el primer día del accidente.

El número total de muertes y los efectos para la salud a largo plazo ocasionados por el escape radiactivo de Chernobyl siguen suscitando un intenso debate 25 años después. La experiencia ha demostrado que los actuales sistemas oficiales de monitoreo de radiación son inadecuados (no solo en los países de la ex Unión Soviética). En general, los sistemas cubren territorios de manera selectiva, no miden a cada persona, y habitualmente ocultan importantes hechos a la hora de publicar información.

Cierta historia que se impone como oficial intenta desmentir las evidencias y las estelas catastróficas que dejó el incidente nuclear. Poderosos intereses políticos y económicos, en un mundo cada vez más necesitado de energía, operan para dejar las cosas como están y no hacer más olas. Los expertos nucleares han logrado que se diga que se exageran las consecuencias y que no son científicamente comprobables. Sin embargo, muchos países europeos protegieron su cadena alimentaria y resistieron la entrada de hongos comestibles, leche y otras producciones ucranianas. Finlandia y Suecia no permiten que pase por su frontera el ganado. Y Alemania, Polonia, Italia y Austria han detectado alto nivel de veneno radiactivo en jabalíes, ciervos, bayas y peces.

El último en terciar  ha sido un libro publicado por un equipo de científicos rusos y bielorrusos en el 2009 por la Academia de Ciencias de Nueva York, que argumentó que los estudios previos tenían errores por alteraciones en las estadísticas soviéticas: «Un número más preciso estima que casi 400 millones de seres humanos han quedado expuestos a la lluvia radioactiva de Chernobyl y, por muchas generaciones, ellos y sus descendientes sufrirán las devastadoras consecuencias», defendieron. Sus autores sostienen que la cifra total de muertos hasta 2004 era cercana al millón.

Parece claro que no sólo los informes no se ponen de acuerdo sino que no resulta fácil cuantificar esos daños.

Todas las previsiones iniciales de la rápida eliminación o degradación de los radionúclidos en los ecosistemas de Chernóbyl estuvieron errados. Ahora se sabe que se demora mucho más de lo predicho debido a su recirculación. El estado general de la contaminación del agua, aire, y suelo parece fluctuar enormemente y la dinámica de la contaminación de Sr-90, Cs-137, Pu, y Am todavía sorprende a los científicos de Chernobyl.

Según estudios pueblicados por Nesterenko, A. V., Nesterenko, V. B. y Yablokov, Chernóbil: consecuencias de la catástrofe para las personas y el medio ambiente «Como resultado de la acumulación de Cs-137, Sr-90, Pu, y Am en la capa-raíz del suelo, los radionúclidos han seguido acumulándose en plantas durante los últimos años. Moviéndose con el agua hacia las partes superiores del suelo donde están las plantas, los radionúclidos (que antes habían desaparecido de la superficie) se concentran en los componentes comestibles, produciendo mayores niveles de irradiación interna y tasa de dosis en personas, a pesar de la disminución de las cantidades totales de radionúclidos por desintegración natural con el paso del tiempo”…. «En 1986 los niveles de irradiación en plantas y animales en el oeste de Europa, Norteamérica, el Ártico, y el este asiático fueron en algunas oportunidades cientos e incluso miles de veces por encima de lo aceptable. El pulso inicial de irradiación de alto nivel seguido de la exposición crónica a radionúclidos en bajos niveles ha resultado en trastornos morfológicos, fisiológicos y genéticos en todos los organismos vivientes en las áreas contaminadas que se han estudiado – plantas, mamíferos, aves, anfibios, peces, invertebrados, bacterias y virus”….
«Lo que sucedió a ratones y ranas en la zona de Chernóbil muestra lo que puede suceder a los humanos en las próximas generaciones: mayor promedio de mutaciones, mayor morbilidad y mortalidad, menor esperanza de vida, disminución de la intensidad en la reproducción, y cambios en las proporciones sexuales masculinas/femeninas”.

Los efectos psicológicos fueron importantes efectos de salud. El miedo a la contaminación y la ansiedad sobre los efectos de la radiación contribuyeron a altos niveles de pensamientos suicidas y trastornos de ansiedad, mientras que se duplicaron las tasas de depresión. Otra importante lección de la experiencia de Chernobyl es que los expertos y organizaciones relacionadas con la industria nuclear han descartado e ignorado las consecuencias de la catástrofe. Fue solo después de 8 o 9 años de la catástrofe que las autoridades de la salud finalmente comenzaron a admitir el universal aumento de cataratas entre la población. Lo mismo ocurrió con el cáncer de tiroides, leucemia y desordenes orgánicos del sistema nervioso central. El 14 por ciento de la población ucraniana tiene alguna discapacidad, principalmente por las secuelas directas o indirectas de Chernobyl. En cuanto a los desórdenes específicos de la salud asociados con la radiación de Chernobyl se sabe que hubo un aumento de la morbilidad y la prevalencia de los siguientes grupos de enfermedades:

  • Sistema circulatorio (debido principalmente a la destrucción radiactiva del endotelio, el revestimiento interno de los vasos sanguíneos)
  • Sistema endocrino (especialmente problemas no malignos de la tiroides)
  • Sistema inmune («SIDA de Chernóbil», aumento de la incidencia y severidad de todas las enfermedades)
  • Sistema respiratorio
  • Tracto uro genital y desórdenes reproductivos
  • Sistema músculo esquelético (incluyendo cambios patológicos en la estructura y composición de los huesos: osteopenia y osteoporosis)
  • Sistema nervioso central (cambios en los lóbulos frontales, temporales, y occipito parietales del cerebro, llevando a una disminución de la inteligencia y trastornos mentales y de comportamiento)
  • Ojos (cataratas, destrucción vítrea, anomalías de refracción, y trastornos conjuntivos)
  • Tracto digestivo
  • Malformaciones y anomalías congénitas (incluyendo defectos múltiples en miembros y cabeza que previamente eran raros)
  • Cáncer de tiroides (Todos los pronósticos respecto a este tipo de cáncer han sido erróneas; los cánceres de tiroides relacionados a Chernobyl comienzan rápidamente y se desarrollan agresivamente, tanto en niños como adultos. Después de la operación la persona es dependiente de medicamentos hormonales de reemplazo de por vida)
  • Leucemia (cáncer de la sangre) no solo en niños y liquidadores, sino en la población adulta general de los territorios contaminados
  • Otros neoplasmas malignos

Y varios otros síndromes nuevos, que reflejan una mayor incidencia de algunas enfermedades, aparecieron después de Chernobyl. Entre ellas:

  • Síndrome de fatiga crónica: excesiva y constante fatiga, sin causa obvia, depresión periódica, pérdida de memoria, dolores musculares y en articulaciones, escalofríos y fiebre, frecuentes cambios de humor, sensibilidad en los nódulos linfáticos cervicales, pérdida de peso; también se lo asocia generalmente con disfunción del sistema inmune y trastornos del sistema nervioso central.
  • Síndrome de enfermedad radiactiva constante: una combinación de excesiva fatiga, mareos, temblores y dolor de espalda.
  • Síndrome de envejecimiento temprano: divergencia entre la edad física y cronológica con enfermedades características de los ancianos a edades tempranas.

Ya que más del 90% de la carga radiactiva en nuestros días se debe al Cesio-137, que tiene una vida promedio de unos 300 años, las áreas contaminadas seguirán siendo peligrosamente radiactivas por las próximos tres siglos.

En cuanto a las consecuencias económicas este accidente destrozó la vida industrial y económica habitual en muchas regiones de Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Redujo la producción de energía, causó grandes pérdidas en la agricultura, industria, bosques y aguas (fue restringido el uso de 5 120 kilómetros cuadrados de tierras agrícolas y 4920 kilómetros cuadrados de bosques).

Algunos testimonios de refugiados en Argentina

Cinco millones de ucranianos huyeron de su país y 15.000 de ellos eligieron a la Argentina como lugar de destino. «No podíamos ir a ningún país, nadie nos quería recibir de manera legal. El único país que no puso restricciones en recibirnos fue este. Estoy muy agradecido con el pueblo argentino, nos trata muy bien» señala Lesia Paliuk, presidenta de Oranta, Asociación Civil de Migrantes y Refugiados de Europa Oriental, ONG que se fundó en 2003 con sobrevivientes de la zona de Chernobyl y reúne a los exiliados luego de 1986 a causa del Accidente nuclear de Chernobyl y también lleva a cabo campañas de esclarecimiento sobre los peligros y secuelas nucleares.

Olga Sakovich, de profesión violinista y pianista en Ucrania, que trabaja como profesora en Buenos Aires -aunque, como a otros profesionales, no le reconocen el título – dice “El «sarcófago» que blindó el reactor 4 de Chernobyl tenía una vida de diez años y han pasado 25. No conserva el aislamiento. Hay fugas de radiactividad. Si no incorporan otro, el monstruo nuclear puede salir a presión y no habrá forma de matarlo. Europa entera estaría en peligro»

La mayoría de ellos se dedican a diversas labores no relacionadas a sus estudios superiores. Han trabajado en negro, durante años, gracias a la buena disposición de argentinos solidarios que los contrataron como empleados domésticos, costureras, personal de limpieza, obreros de fábricas, niñeras, ordenanzas. Otros se han aprovechado de ellos debido a su indefensión.

Jamás se les revalidaron los títulos, pese a las innumerables presentaciones efectuadas. Tampoco tendrán jubilación. Han vivido en la calle. Relatan que cuando solicitaron a la CNEA algún tipo de programa de asistencia radiológica médica, se les respondió que no sería posible, pues ello evidenciaría los problemas asociados a accidentes en centrales nucleares, y la gente se asustaría y solicitaría el cierre de Atucha.

Muchas de las personas que eligieron venir vivir acá cuentan con estudios superiores. economistas, ingenieros, médicos, profesores de música y otras especialidades son los que se vieron imposibilitados de ejercer su profesión en este país. «Yo soy ingeniera hace más de 20 años y en el año 1996 fui a la UBA a ver el tema de equivalencias con mis dos diplomas traducidos oficialmente. En la universidad me dijeron que no servían y que tenía que ir al secundario. Me puse a llorar al regresar a casa», recuerda María Shubra, una de las exiladas. «Yo sabía que las plantas nucleares son peligrosas, como todas en cualquier parte del mundo, aún sin accidentes de por medio. A nadie le conviene divulgar los riesgos de las centrales atómicas porque tendrían que cerrar a todas las que existen en el mundo» finaliza María Shubra.

Ellos solo piden que se cumplan los convenios de convalidación de títulos, dos chequeos medios al año y en el mejor de los casos algún terreno donde puedan edificar algunas casas para las personas mayores de su comunidad que al igual que todos ellos, escaparon de lo que es una muerte segura.

Según comenta en una entrevista María Shubra “Últimamente tenemos el inconveniente de las iglesias ucranianas que abrieron sus puertas en forma temporal para vivir pero ahora los desalojan, sin darles tiempo para encontrar otra vivienda. Incluso, les cortan el gas a gente mayor”

Ellos siguen  muy atentos a los que están pasando los japoneses porque “ellos están viviendo lo mismo que nosotros hace 25 años”, comenta Lexia. También agregó que toda la población de Ucrania sufrió y sufre la consecuencia de la explosión porque pasando los años todo el país quedó afectado y la contaminación de la tierra continúa hasta hoy, “Yo tenia 26 años, y en esa época el gobierno Soviético no nos dió información, el accidente ocurrió el 26 de abril y yo me enteré el 5 de mayo, esa cantidad de días agravaron la salud de la población, por eso hubo muchos decesos que se podrían haber evitado”. Lyudmila, una sobreviviente, señala: “Por medio de una radio alemana nos enteramos lo que había pasado».

Dijo que al enterarse la gente se asustó, entró en pánico, se desplazaron lo más lejos posible y llevaron a sus hijos a lugares seguros para salvarlos, “los bomberos y la policía arrojaba agua, limpiaba todos los hogares hasta el 2do piso para que no quedaran restos de radiación, pero era tarde, por eso es bueno que los gobiernos informen sobre como actuar ante un caso de este tipo, porque eso es lo más grave”… “los gobiernos deben tomar conciencia de que cuando ocurre una reacción nuclear desmedida el suelo no se puede habitar nunca más, la tierra queda contaminada, como el agua y el aire, allí no se puede vivir más”.

Lo cierto es que el desamparo continúa hasta hoy. ORANTA necesita ayuda y hay muchas maneras de hacerlo:

Contactos:

Lesia Paliuk  – Pte. ORANTA

oranta.org.ar – Asociacion Civil de Migrantes y Refugiados de Europa Oriental
(011) 1549726862 – (011) 4672-4150 – info@oranta.org.ar
sólo miércoles en la mañana en Agüero 1355 – CABA

Ver  Refugiados y Abandonados

httpv://www.youtube.com/watch?v=xqX2Vt1Vui8

En cuanto a Argentina el programa nuclear provee del 5 al 6% de la energía eléctrica. Pero un solo accidente nuclear grave puede colapsar durante décadas y siglos una región entera.

Ante lo expuesto, y ante los dichos del gobierno japonés de equiparar la reciente catástrofe de Fukushima con Chernóbyl, adherimos a las palabras del Dr. Raúl Montenegro (Biólogo, Profesor en la Universidad Nacional de Córdoba, Director de la Maestría en Gestión Ambiental de la Universidad Nacional de San Luis, Presidente de FUNAM y Premio Nobel Alternativo), permanente crítico sobre el tema nuclear y otros no menos importantes en defensa del ambiente: “Depender de una tecnología absurdamente cara y peligrosa en lugar de consolidar matrices energéticas variadas y más sustentables es suicida”.

Leer Fukushima está más cerca de lo que creemos (http://www.conflictosmineros.net/contenidos/18-internacional/7008-fukushima-esta-mas-cerca-de-lo-que-creemos)

Recomendamos leer artículo sobre la recopilación que realizamos desde Ecosalud “Alternativas para la prevención de  las radiaciones”

Para quienes quieren minimizar el impacto de las radiaciones vale una frase de Einstein referida a la exposición a la radiación: “No hay umbral”.

 

Lic. Adela Álvarez – Humberto Nadal
Ecosalud  –   saludeco@hotmail.com
Tucumán –  Argentina

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