Día Internacional de la Conciencia por el Ruido – 28 de Abril

Programa  de Sensibilización Ambiental

Este evento se celebró por primera vez el 30 de abril de 1996 bajo la coordinación de la Liga por la Dificultad Auditiva – LHH – de Nueva York,  USA. Desde entonces se ha buscado ampliar su alcance a nivel mundial, tanto con la participación de organizaciones  profesionales, como por  las organizaciones ciudadanas.

Esta fecha está destinada a llamar la atención de la sociedad  sobre el problema creciente del ruido, una forma de contaminación que, por no dejar residuos materiales, ha recibido  históricamente menos atención que otras, como la polución del aire y de las aguas o  la causada por la basura.

El objetivo es que ese día se reflexione sobre las actividades ruidosas que realizamos y las que permitimos. Que se tome conciencia de los daños que el ruido causa a la salud.

Pocas personas son realmente conscientes de hasta qué punto el ruido del entorno puede ser perjudicial para la salud. El decibelímetro es el aparato que sirve para medir la presión acústica en un lugar. Especialistas aseguran que el nivel ideal no debe superar los 60 decibeles (dB) porque se transforma en un ruido molesto.

En una ciudad los ruidos oscilan entre los 40 y los 90 db, según la zona en la que se encuentre. De 100 para arriba ya se considera nocivo para la salud. Generalmente esos son los que se registran en un boliche o pub. Sin embargo, las dolencias que puede llegar a generar son mucho más numerosas y graves de lo que la mayoría piensa, porque actúa a través del oído sobre los sistemas nerviosos central y autónomo.

Cuando el estímulo sobrepasa los determinados límites, y ante la reiteración de estas situaciones, el ruido no sólo produce  trastornos auditivos y de la voz, sino también:

  • Alteraciones fisiológicas – hormonales, cardiovasculares, respiratorias, digestivas, alteración del sistema inmunitario, etc.
  • Trastornos psicológicos – estados crónicos de nerviosismo, estrés, falta de atención y concentración, alteraciones en el sueño, molestias, angustia, los llamados «ataques de pánico” – que muchos profesionales confunden con los miedos irracionales de las fobias
  • Modificaciones de la conducta – irritabilidad, agresividad, deterioro del clima social, interferencia en la comunicación, la concentración, el descanso, el sueño, dolor de cabeza y cuello, estados de tensión y depresión, etc.

La razón es simple:

el ser humano no está preparado para soportar el ruido ambiental de las sociedades modernas

Se lo relaciona con la disminución del rendimiento escolar o profesional, los accidentes laborales o de tráfico, ciertas conductas antisociales y un largo etc. Y lo malo es que a quienes padecen algunos de estos síntomas los médicos muchas veces les encuadran en otras «enfermedades» de similar sintomatología y les tratan médicamente en consecuencia. Con lo que en muchos casos lo que hacen es agravar el problema.

Hasta la Revolución Industrial, el ruido ambiente se reducía a las conversaciones o gritos de sus habitantes, los sonidos de los animales, la música y el producido por las ruedas de los carros de vez en cuando o los propios de los fenómenos atmosféricos (el viento, los rayos, los truenos, etc.). Ruido que aumentaba notablemente en los lugares más concurridos como los puertos de mar y las ciudades al igual que, esporádicamente, en las ferias de ganado o artesanales y en las fiestas populares.

Hoy, sin embargo el problema se agrava a medida que las ciudades van creciendo.

Quien más quien menos se encuentra con multitud de ruidos antaño inéditos: desde el producido por los trasportes de todo tipo tanto a nivel tráfico (aviones, helicópteros, camiones, coches, los trabajos de limpieza de la vía pública y de recogida de residuos, motos, buques y barcos, hasta sirenas de fábricas, policía y ambulancias, bocinazos, gritos de vendedores ambulantes, taladros, etc.), en los bares y confiterías con la cafetera Express, la televisión o la radio a todo volumen y los parroquianos, la compra en un supermercado, armas de fuego, lugares de diversión, discotecas.

¿Al respecto, cuántas han sido sancionadas o cerradas por exceso de ruido? ¿Sabrán que lo que a ellos les parece un volumen aceptable -y que en realidad es un atentado a la integridad física de quienes les soportan- se debe a que ya no oyen bien?

A esto se añade algunos de los ruidos habituales que uno puede llegar a escuchar estando en su casa con equipos de música y de radio, televisores, videos, ordenadores, secadores de pelo, ventiladores, aparatos de aire acondicionado y calor, frigoríficos, juguetes sonoros, lavadoras, lavavajillas, cafeteras, aspiradoras, batidoras, etc..

Sin embargo, esta problemática que aumenta día a día no ha sido tema de debate prioritario entre los organismos competentes.

Si bien hay algunas leyes que regulan esos hechos…  no se cumplen. Hay que reconocer que en Tucumán no se toca bocinas por ejemplo, salvo ocasionales sirenas de ambulancias, bomberos y alguna que otra bocina, lo cual ya es un logro.

¿Cómo puede al menos puede atenuarse los ruidos? Deberían optimizarse los mecanismos de coordinación interna entre los distintos dependencias del Municipio y/o espacios gubernamentales que tengan competencia, a los fines de regular y controlar el ruido que generan las actividades mencionadas.

Asimismo sería conveniente la realización de un Mapa Municipal de Ruidos, y también la obligatoriedad  de que cada nuevo desarrollo de viviendas, industrial o comercial cuente con su correspondiente Mapa de Ruidos y propuestas técnicas a fin de controlar este foco de contaminación acústica. También la plantación de árboles frondosos absorbe el ruido sería una opción a considerar.

Esperamos que éste  Día Internacional de la Conciencia sobre el Ruido sea una oportunidad especial para la reflexión sobre esta problemática, tanto en el plano personal que es dónde más efectivamente podemos actuar, como a nivel de los poderes públicos  competentes ante el problema del ruido.

Humberto Nadal- Adela Susana Álvarez
Ecosalud
Tucumán – Argentina

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