El Día que Brasil perdió al defensor de su Selva

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Es oportuno recordar en el Año Internacional de los Bosques, el 23 aniversario   del asesinato del recolector de caucho y activista social brasileño Francisco Alves Mendes, más conocido como Chico Mendes,  reconocido internacionalmente por su lucha en defensa de la Amazonia y por impulsar la Alianza de los Pueblos de la Selva.

Sin duda la Amazonía constituye un emblema de lo que la humanidad se propone defender: el mayor pulmón del  mundo que alberga además uno de los núcleos de biodiversidad más importantes. El salvar estas áreas invaluables se ha convertido en una causa medioambiental urgente, por lo que gente diversa han dado de forma desinteresada su tiempo y dinero para ayudar a cimentar proyectos que enseñen a la gente a cómo utilizar los recursos que el bosque tiene que ofrecer sin tener que destruirlo en el proceso. Pero hubo alguien que fue más allá: le ofrendó su vida.

Chico Mendez tenía entonces 44 años y una comprometida militancia ecologista en contra de las empresas explotadoras de los bienes naturales , por lo que es  considerado a nivel mundial  un pionero del movimiento de defensa del medio ambiente.

Entre sus numerosas y creativas propuestas cabe destacar su lucha inquebrantable por  frenar la deforestación, defender los derechos humanos, promover la reforma agraria, promover, como vocero de los siringueiros, la defensa de sus derechos laborales y de la Amazonía  e impulsar así el despliegue de los llamados «empates» (movilizaciones y acciones directas no violentas protagonizadas por hombres, mujeres y niños, que impedían   la tala o el incendio de áreas aprovechadas por los recolectores de caucho).Mediante este tipo de iniciativas, los trabajadores rurales y pobladores nativos evitaron la deforestación de 1,2 millones de hectáreas de selva, convirtiendo a estas regiones en Reservas Extractivas protegidas -sin título de propiedad individual y sobre la base de una organización cooperativa- contra el avance del despojo capitalista. Ello no supuso solo la defensa de sus fuentes de trabajo, sino esencialmente la reivindicación de un modo de vida antagónico al mercantil, que contemplaba una agricultura familiar y comunitaria, así como una caza y una pesca no predadoras, gestionadas en forma colectiva y apostando siempre a una relación armónica con la naturaleza. Para dotar de un mayor nivel de coordinación a estas luchas, Chico promueve en 1985 la conformación de la conformación del Consejo Nacional de los Siringueiros .

Todas estas iniciativas nacen de su percepción de la vida al haber crecido  en una familia de recolectores/cultivadores de caucho (también conocidos como seringueiros), donde la extracción del caucho ha sido practicada por familias del Amazonas por generaciones. Es un proceso por el cual se extrae, sin causar daño, la savia de los árboles de caucho, que luego es usada en productos tales como neumáticos de autos, borradores de lápices y hasta en tupperware. La recolección de caucho es una de las muchas formas en las que los recursos de la Amazonía son explotados sin dañar permanentemente el ecosistema. Es un sistema de agricultura sostenible . Pero para los criadores de ganado y los intereses mineros ( y actualmente sojeros ) de Brasil, la “agricultura sostenible” impide la obtención de ganancias. Mucho dinero puede hacerse con la tala de bosques tan rápido como sea posible y reemplazarlo con tierras de pastar y en vetas mineras. Lo que los hacendados y mineros dejan atrás, es una tierra devastada, un desierto arruinado donde antes floreció el bosque por más de 180 millones de años. No es sorpresa entonces, que Méndez encontrara una gran oposición por parte de los industriales y oficiales corruptos del gobierno quienes sacaban provecho por la devastación del Amazonas, y luchó valientemente para oponerse a las prácticas destructivas de las grandes compañías e individuos.

El defendía el retorno de sistemas de agricultura sostenible y urgía a sus compatriotas brasileños a efectuar protestas no violentas contra las corporaciones que les robarían su medio de vida, en contra de    algunos grandes terratenientes que querían deforestar la selva para dedicar esos terrenos a la ganadería.

En 1980, Chico Mendes se enfrentó a los intereses de los propietarios de concesiones de explotación de madera y el poder político . Fue perseguido por la dictadura por su actividad sindical y encuadrado en la Ley de Seguridad Nacional por requisición de un terrateniente de la región. Querían involucrarlo en el asesinato del capataz de una hacienda. En 1984 fue acusado de incitar a campesinos a la violencia. Juzgado por el Tribunal Militar de Manaus, región norte brasileña, fue liberado por falta de pruebas.

No conforme con esto, los hacendados del estado de Acre -aglutinados en la reaccionaria Unión Democrática Ruralista-, frente a la creciente amenaza que representaba Chico, promueven su asesinato temerosos de la capacidad organizativa y la creatividad que despliega para impedir tanto el avance de la deforestación en la selva como la explotación de los trabajadores del  caucho. Un tiro de escopeta disparado por Darcy Alves le segó la vida el 22 de diciembre de 1988, frente a su casa en Xapurí, pequeña ciudad de la Amazonia brasileña próxima a Bolivia, en el remoto estado amazónico de Acre.

Recién en el año 2008 el Gobierno brasileño  le concedió la amnistía política  póstuma .  El ministro de Justicia, Tarso Genro, señaló que “Chico Mendes era un hombre adelantado a su tiempo, un hombre que construyó un amplio proceso de civilidad. Hoy, el Estado pide perdón por lo que hizo con él”.

Tras su muerte, se unieron más de treinta entidades sindicales, religiosas, políticas, de derechos humanos y ambientalistas para formar el “Comité Chico Mendes”, para exigir a nivel nacional e internacional, que el crimen no quedase impune. A principios de los noventa, los recolectores de caucho Darly y Darcy Alves da Silva fueron declarados culpables del asesinato y condenados a 19 años de prisión. En 1993 huyeron de prisión y fueron detenidos, nuevamente, en 1996.

Un año  antes de su asesinato,  en 1987, como repercusión a su activa participación en defensa de su querida Amazonia , recibe en Xapurí la visita de algunos miembros de la ONU, quienes pudieron ver de cerca la devastación de la selva y la expulsión de los siringueros causadas por proyectos financiados por bancos internacionales. Dos meses después, Chico Mendes llevaba estas denuncias al Senado norteamericano y a la unión de un banco financiero, el BID. Treinta días después, los financiamientos a los proyectos devastadores son suspendidos y Chico es acusado por estancieros y políticos de perjudicar el «progreso» del Estado de Acre.

Meses después, Chico Mendes comienza a recibir varios premios y reconocimientos, nacionales e internacionales, como una de las personas que más se destacaron en aquel año en defensa de la ecología, La originalidad y contundencia de su propuesta fue cobrando proyección mundial al punto de obtener en 1987 el premio internacional como por ejemplo el premio «Global 500», ofrecido por la propia ONU un año antes de su muerte. Durante el año de 1988, Chico Mendes, cada vez más amenazado y perseguido, principalmente por acciones organizadas después de la instalación de la Unión Democrática Ruralista (UDR) en Acre, continua su lucha recorriendo varias regiones de Brasil, participando de seminarios, charlas y congresos, con el objetivo de denunciar la acción predadora contra la selva y las acciones violentas de los estancieros de la región contra los trabajadores de Xapurí. Por otro lado, Chico participa de la realización de un gran sueño: la implantación de las primeras reservas extrativistas creadas en el Estado de Acre, además de conseguir la desapropiación del Siringal Cachoeira, de Darly Alves da Silva, en Xapurí. A partir de ahí, se agravan las amenazas de muerte, como el propio Chico llegó a denunciar varias veces, al mismo tiempo en que dejaba claro para las autoridades policiales y gubernamentales que corría riesgo de vida y que necesitaba de garantías, llegando inclusive a apuntar los nombres de sus probables asesinos.

Si bien  el asesinato de Chico Mendez atrajo la atención internacional sobre la destrucción de la Amazonia, la implementación de algunas de sus propuestas por el gobierno y las ONG supuso la pérdida de muchos de sus contenidos sociales y ambientales, sin lograr frenar   la deforestación y la violación de los derechos humanos en la Amazonia brasileña. Cada trozo de selva muerta ha cobrado su cuota de sangre. Desde su muerte, más de 1.100 activistas y otros defensores de la selva tropical han sido asesinados en Brasil, aunque a escala menos pero con la misma impunidad

El gobierno brasileño tiene una deuda con su pueblo: el rescate de la Amazonia, la selva tropical más importante del mundo. Un territorio que siempre ha estado habitado por comunidades muy diversas, y en la que hoy viven unos 30 millones de personas, cuyas necesidades de desarrollo compiten con la necesidad de preservar este gran pulmón planetario. Podemos decir que el Amazonas abarca el 40% de Sudamérica, se extiende por nueve países, y por lo tanto, es el abrigo que da vida y cobijo a gran parte del continente. Juega un papel crítico en la regulación del dióxido de carbono en la atmósfera, por lo que la deforestación tiene un impacto directo en el cambio climático. Y no sólo eso, además de perderse árboles capaces de «reciclar» el aire, su quema es responsable del 20% anual de las emisiones de gases con efecto invernadero a la atmósfera. Por otra parte es la segunda área más vulnerable de la Tierra después del Ártico, aseguran los científicos. La destrucción de la selva hace que se libere más CO2 a la atmósfera, aumentando las temperaturas y lo que promueve, en un círculo vicioso, las sequías en el propio Amazonas. En cuanto a la biodiversidad, allí viven cerca del 30% de las especies del planeta. Se dice que un sólo arbusto del Amazonas contiene más especies de hormigas que toda Gran Bretaña Su riqueza no tienen comparación alguna: en una extensión que representa el 5 por ciento de la superficie terrestre concentra el 40 por ciento de la selva tropical del mundo, el 50 por ciento de las especies vegetales y animales, y el 20 por ciento del agua dulce en 25 mil kilómetros de ríos navegables, de allí que se le conozca como “El pulmón del planeta”.

La Amazonia es, también, una zona rica en minerales y recursos energéticos. Aquí se encuentra el yacimiento tungsteno y de titanio más grades del mundo, hay oro, piedras preciosas y se extrae el 90 por ciento del crudo que hace de Petrobrás, una de las 10 principales petroleras del mundo. (ALP)

Los conflictos por la tierra y la destrucción del bosque tropical son las dos caras de la política de  ocupación de la Amazonia. Antes el contrabando de madera y el desmonte para la crianza de ganado eran las principales causas de deforestación, sin embargo, desde 2002, los monocultivos aceleraron la desertificación, a la par de la ola de violentos asesinatos por cuenta de los latifundistas. Los monocultivos demandan la tala y quema de grandes extensiones de selva, práctica que, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), genera el 75 por ciento de las emisiones de efecto invernadero que produce Brasil. Al cabo de las primeras cosechas, el suelo experimenta un acelerado declive por el uso de pesticidas y agrotóxicos, documenta la American Association for the Advacement of Science..

En su informe “Devorando la Amazonia”, en 2006, Greenpeace alertó que el monocultivo de soya se convirtió en el principal elemento de deforestación, por ello lanzó una campaña internacional para que las empresas no compraran la soya amazónica y que la población no consumiera los productos avícolas y cárnicos de animales alimentados con la oleaginosa, comercializados principalmente por las cadenas de comida rápida McDonald’s y Kentucky Fried Chicken. Aunque en la actualidad la producción de soja ha mermado por un giro de la soja hacia el maíz, como señaló recientemente la consultora Oil World especialista en oleaginosas

En cuanto al nivel de deforestación , datos oficiales señalan que  la deforestación es 11% menor a la que se reportó en 2010, que había sido hasta entonces el registro más bajo. Detrás de ésta cifra están las rigurosas audiciones realizadas por el gobierno brasileño en áreas de alto riesgo de deforestación, especialmente en el estado de Mato Grosso, mediante el estudio de fotos satelitales del Instituto Nacional de Investigación Espacial para determinar  el área deforestada en los últimos 12 meses hasta junio de 2011 . Pero Científicos brasileños y estadounidense han calculado que en el año 2020 es probable que solamente un 5% de la Amazonia conserve su estado salvaje: la selva tropical del Amazonas está amenazada de muerte

Como siempre sucede, las poblaciones más vulnerables son las principales víctimas del proceso de globalización en Brasil , que en este caso son los indígenas, quienes tienen  todo en su contra y, sin embargo, luchan por sobrevivir y reivindicar sus derechos. El activista Darci Frigo, reconocido con el Premio de Derechos Humanos, dice que la exclusión de los grupos indígenas es un atropello a sus derechos humanos. Detalla que desde que se le desplaza o violenta su territorio, “se está trastocando la cosmovisión, el autogobierno, los bienes históricos. Para ellos, la biodiversidad tiene un sentido espiritual, son parte de Amazonia y eso es algo que no se entiende ni se respeta”.Dice que “a los indígenas se les mata con la finalidad de exterminio, porque una vez muerto, el hacendado toma su tierra. La impunidad es el factor que fomenta los crímenes y todo tipo de abusos. Muy pocos homicidios se investigan y en mucho menos casos se fincan responsabilidades”… “En Amazonia, como en Brasil, como en toda la región, el problema es la justicia y la corrupción. Los grandes grupos económicos tienen también el poder político y judicial para desaparecer a quien se atraviese en su camino. A eso se suma que la gente de las ciudades no siente ninguna simpatía por los indios, porque no entienden su cultura y ni les interesa entenderla, en pocas palabras, no les importa lo que aquí ocurra”.

Chico Mendes ha sido el precursor de dos luchas que hoy cobran cada vez mayor centralidad en el engranaje del proceso de acumulación capitalista: la precarización de la vida y el despojo de los bienes comunes. Sus banderas fueron tanto la defensa de los derechos humanos y la reforma agraria integral como la del cese de la degradación ambiental a escala global. De ahí que su propuesta no reconozca fronteras y resulte sumamente actual, como él mismo llegó a declarar: «Al principio pensé que luchaba para salvar los árboles del caucho. Más tarde pensé que lo hacia para salvar la selva amazónica. Ahora sé que estoy luchando para salvar la humanidad».

El 6 de diciembre de 1988, durante un seminario acerca de la Amazonía organizado por la Universidad de São Paulo, Chico Mendes dio un famoso discurso cuyas últimas palabras fueron un mal presagio:

“No quiero flores, porque sé que van a arrancarlas de la selva. Lo único que quiero es que mi muerte ayude a detener la impunidad de los asesinos que están bajo la protección de la policía de Acre y que, desde 1975, han matado a más de 50 personas en la zona rural. Como yo, los líderes caucheros han trabajado para salvar la selva amazónica y para demostrar que es posible el progreso sin destrucción”.


Lic. Adela Álvarez- Humberto Nadal

Ecosalud- Tucumán- Argentina

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