Esclavos del siglo XXI

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La esclavitud ha servido de argumento durante muchos siglos para que una parte de la humanidad explote y trate como mercancía al resto, a la vez que desarraigó a millones de personas y las deportó en las condiciones más inhumanas produciendo, por otro lado, un intercambio cultural de profundos efectos en los principios morales, creencias religiosas, y relaciones sociales.

El Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, que se celebra el 2 de Diciembre , conmemora la fecha en que la Asamblea General aprobó el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena (resolución 317 (IV) de 2 de diciembre de 1949). La Asamblea decidió que en 1996 este día se consagrara al problema de la trata de personas, en virtud de la cual muchas personas vulnerables se ven prácticamente abandonadas por los sistemas jurídicos y sociales y caen en el sórdido mundo de la explotación y los malos tratos
Pero esta fecha nos recuerda, principalmente, que en pleno siglo XXI la esclavitud persiste en todo el mundo y toma variadas formas que, en la práctica , atenta contra la dignidad y viola los derechos humanos.

Si bien la esclavitud como forma legal de trabajo ha sido abolida en todos los países del mundo, hoy día descubrimos que fue tan sólo una abolición de derecho, porque de hecho la esclavitud subsiste en la actualidad bajo nuevas formas como ser la venta y tráfico ilegal de personas, donde las principales -aunque no exclusivas- víctimas son los niños, los pobres, las mujeres, los desvalidos, los inmigrantes y las minorías étnicas o raciales. Sus actividades más frecuentes son: el trabajo forzoso en la agricultura y en la industria, la prostitución, la pornografía, el tráfico de drogas, el robo, el trabajo doméstico, la mendicidad obligatoria etc. También existen otras formas de esclavitud: la servidumbre por deudas; el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados en algunos países; el uso del trabajo de los presos en países en los que el trabajo forma parte de la pena , o en los que está autorizada la contratación de prisioneros por parte de organizaciones privadas, como en Estados Unidos. La cárcel -con imposición de trabajo forzoso- se convierte antes que en un lugar de «rehabilitación de los presos» en un medio de explotación de personas y fuente de grandes ganancias. Una vez tildados de «criminales» la explotación resulta de esta forma legitimada.

Aunque en realidad hoy la esclavitud nos acecha a todos: por un lado, los países desarrollados mantienen a los países subdesarrollados bajo un régimen de servilismo y explotación, donde los látigos se han camuflado en los requerimientos de organismos financieros internacionales que exigen cada día más las reservas y recursos naturales como pago de intereses de una deuda externa y eterna a la cual entregamos nuestra autonomía y nuestra propia supervivencia como pueblo.

La otra forma de esclavitud es la que se lleva a cabo en trabajos tildados de «legales», pero donde se explota al empleado bajo diferentes formas: pobres salarios, deudas, falta de pago, extensas horas de trabajo, posturas corporales perjudiciales para la salud, grandes esfuerzos físicos y/o mentales, manipulación de productos tóxicos, ambientes insalubres, tratos inhumanos o desconsiderados de jefes a sus empleados, ausencia de descansos, trabas o simple prohibición del abandono del empleo, etc.

A las personas que practican, toleran o facilitan la esclavitud o las prácticas conexas a la esclavitud se las debe hacer responsables de esos actos mediante instrumentos nacionales y, de ser necesario, internacionales. La comunidad internacional debe asimismo hacer más por luchar contra la pobreza, la exclusión social, el analfabetismo, la ignorancia y la discriminación, que aumentan la vulnerabilidad y forman parte del trasfondo de este flagelo.

Creo que, las condiciones de explotación que genera el sistema socio-económico vigente, privilegiando la ganancia por encima de todo y de todos, lo convierte en el generador de pobreza por excelencia, que sumado a la falta de educación; la falta de leyes -o su aplicación- que garanticen la igualdad y protección jurídica de las personas; la complicidad encubierta; los conflictos civiles y la discriminación por motivos raciales o de género, contribuyen -entre otras causas- a crear un ambiente propicio para perpetuar las situaciones de explotación de personas.

Que la reflexión de éste Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud sea un disparador que pueda servir para que nos involucremos, desde nuestra esfera personal, a fin de que podamos desterrar y actuar ante cualquier atisbo de abuso de un ser humano hacia otro , como una forma de comenzar a fomentar valores como la solidaridad e inclusión en nuestro propio esquema de valores, que contribuirán a afianzar vínculos , a desarrollar nuevas percepciones y mejoras en nuestras relaciones con los otros y con el ambiente.

Lic. Adela Álvarez
Ecosalud – Tucumán

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