LA TELEVISIÓN EN NUESTRAS VIDAS

Pretendía ser cultural y se quedó a medio camino. Si en sus orígenes buscaba ser educativa hoy sólo sirve a un conjunto de intereses publicitarios a los que les importa muy poco las consecuencias de la emisión. La publicidad es la verdadera justificación del hecho televisivo. Atractivos, breves, impactantes, moralmente ambiguos, son la promesa de un mundo mejor en treinta segundos.

El enorme poder de calado que tiene la televisión entre el público, junto con sus propiedades adictivas, contribuyen a eliminar de nuestras mentes la capacidad de crítica, de rebelión frente al sistema en el que estamos inmersos.

Y así, asistimos a diario a una programación violenta, morbosa y distorsionadora de la realidad. En la televisión prima desde hace tiempo el aspecto económico sobre la calidad de los contenidos y el único parámetro decisorio sobre qué se emite y qué no es la rentabilidad.
Son muchos los expertos que aseguran que los medios de comunicación -en especial la televisión- se han convertido en la principal instancia de socialización infantil. Esta afirmación no es gratuita dado el número de horas que los niños pasan frente a la pantalla. Nacen sometidos a un bombardeo incesante de mensajes mediáticos que exaltan la violencia, la rivalidad y el consumismo. Son la generación de la pantalla y la influencia de sus efectos empieza a traducirse en un alarmante incremento de la agresividad infantil.

Teniendo en cuenta la vida entera de una persona, la televisión puede ocupar entre 12 y 15 años de su tiempo vital.

No conviene perder de vista que los niños son precisamente eso, niños, y que aprenden por imitación sin apenas capacidad para saber qué es lo que está bien o lo que está mal. Antes observaban a sus mayores, hoy observan personajes de ficción que utilizan la violencia para resolver sus problemas. No es de extrañar, por tanto, que se comporten en la realidad de forma agresiva porque eso es lo que les hemos inculcado.
Además, caer en las garras de la televisión es muy fácil. Ésta no exige ningún esfuerzo, ni físico ni intelectual. Basta con sentarnos frente a la pantalla y seleccionar el canal con nuestro mando a distancia. Nos creemos autosuficientes porque elegimos el programa y, sin embargo, estamos a merced de los programadores; son ellos los que deciden mediante estrategias publicitarias qué es lo que vemos. Estudian nuestros horarios y hábitos de vida

Instrumento político, cultural, comercial e incluso terapéutico, la televisión es el sustitutivo al café, al maestro, a la familia y (cuando dan fútbol) a menudo a la pareja.

Estudios del John Watson Institute, en Colorado, afirman que la televisión debe ser clasificada como una droga adictiva más. Según este informe, el consumo de televisión cumple seis síntomas de los que se utiliza en la diagnosis clínica para definir una adicción (sólo con cuatro, ya se considera a una sustancia adictiva). He aquí dichos síntomas:

Utilización como sedante.

Visión indiscriminada.

Sensación de pérdida de control durante la visión.

Sentirse mal con uno mismo por excederse en el consumo.

Incapacidad de dejar de mirar.

Sentirse incómodo y débil cuando no estás mirando la tele.

La adicción a la televisión es una enfermedad que, además de los evidentes problemas digestivos y de espalda, puede acarrear serios trastornos de conducta, por no hablar de los criterios culturales que forma.

Apagando la televisión durante una semana podríamos evaluar qué consecuencias tiene para nosotros, para nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos, para nuestra percepción e interpretación de la realidad, para una infinidad de cosas que tal vez ni imaginamos. Que cada cual experimente, y observe qué ocurre si no aprieta el botón

 

Actividades para sustituir la TV aportada por Ecologistas en Acción:

¿Qué sucedería si en lugar de estar frente al televisor invirtiéramos nuestro tiempo en otras cosas?

Aquí van más de 70 propuestas para todos los gustos en las que podemos emplear esas horas que actualmente pasamos delante de la caja tonta.

Aprende a tocar un instrumento musical.

Ve a conciertos.

Visita una biblioteca pública.

Escucha la radio.

Escribe un artículo o un relato.

Pinta un cuadro, un mural o un cuarto.

Aprende sobre los árboles y flores nativas de tu zona.

Planta algo.

Ve a nadar.

Lee un libro.

Lee a otra persona.

Planea una salida al campo.

Ve a observar aves. Aprende los nombre de los aves locales.

Arregla algo.

Visita tu ciudad.

Escribe una carta a un amig@ o pariente.

Aprende a hacer pan.

Aprende a hacer mermeladas.

Prepara licores caseros.

Goza de un momento de silencio.

Hazte miembro de un coro. Canta.

Revisa tu armario y la ropa que no uses llévala a la parroquia de tu barrio.

Comienza un diario.

Ve a un museo.

Juega a las cartas.

Visita una librería de viejo.

Haz algún objeto de artesanía para regalar.

Observa el cielo por la noche usando binoculares.Observa la luna.

Aprende sobre una cultura diferente.

Toma fotografías.

Organiza tus fotos.

Asiste a una obra de teatro.

Incorpórate a un grupo de teatro para aficionados.

Haz ejercicios físicos.

Repara o renueva un mueble.

Lee poesía. Intenta aprender de memoria aquellos poemas que más te gusten.

Ve a bailar.

Mira el atardecer o la salida del sol con un amigo o amiga.

Ve al cine.

Reúnete con amigas y amigos para comentar un libro que hayan leído todos.

Organiza una tertulia.

Cambia las macetas de las plantas a las que le haga falta.

Intenta cultivar en macetas plantas aromáticas y medicinales.

Escucha música.

Conoce el centro cultural de tu barrio e implícate en alguna de sus actividades.

Participa de las actividades del Centro Social Ecologista.

Prepara un dossier de prensa sobre algún tema que te interesa.

Aprende un idioma.

Reutiliza el aceite de cocinar usa: haz tu propio jabón.

Localiza en tu barrio tiendas de comercio justo, de segunda mano y de comercio tradicional.

Haz un balance de tus gastos superfluos.

Visita exposiciones.

Aprende las propiedades de las plantas medicinales. Prueba a utilizarlas.

Confecciona un botiquín alternativo con remedios caseros y plantas.

Practica el sexo (seguro).

Aprende a reparar tu propia ropa.

Lee el periódico.

Disfruta de momentos de no hacer nada.

Planifica tu dieta: organiza un menú equilibrado.

Pasea por el parque.

Ordena tu biblioteca.

Intercambia libros y música con tus amigas.

Estudia alguna materia que te llame la atención.

Practica un deporte en equipo.

Estudia cómo reducir el gasto energético en tu casa. Llévalo a la práctica.

Participa activamente en organizaciones que defienden los derechos sociales frente al sistema.

Visita la filmoteca.

Visita la hemeroteca.

Incorpórate a un Grupo Autogestionado de Consumo o crea uno nuevo.

Asiste a algún acto público tipo conferencia, mesa redonda, charla-debate, tertulia.

Más todo lo que tenga cabida en tu imaginación.

Lic. Adela Álvarez

ECOSALUD

Año 2012

 

Lic. Adela Álvarez

Miembro de la Comisión Cambio Climático del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil – Cancillería Argentina

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