VISITÓ TUCUMÁN EL DR. EDUARD MÜLLER, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL DE COSTA RICA

Con  palabras claras  encaró el dificultoso tema económico abogando porque se incorpore  los costos sociales y ambientales en la producción de bienes y servicios, ya que es alarmante la degradación ambiental y sus efectos perjudiciales en la salud y en el ambiente  . El futuro no es muy halagüeño por lo debe encararse un giro radical a la forma de pensamiento destructivo del hombre o  bien será el propio individuo el que deberá adaptarse a la nueva atmósfera de vida que el mismo se impuso como condena.
Esa fue la concepción central sobre la que giró la alocución brindada por el Dr. Eduard Müller,  miembro consultivo internacional del programa El hombre y la Biosfera de la Unesco y del Comité Nacional MAB-UNESCO, Vicepresidente de la Comisión Mundial de Areas Protegidas para Centroamérica y México, consultor de distintos organismos internacionales  además fue mensajero del proyecto sobre cambio climático que lidera el ex presidente de Estado Unidos Al Gore
Los diversos datos  aportados de la degradación ambiental son elocuentes y deberían ser suficiente para una profunda reflexión que impulsara acciones concretas :

  • “En cuanto a las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, EEUU aporta un 17%, la Unión Europea 11%, India 6% y el conjunto de países menos desarrollados o en vías de desarrollo un 24%”.
  •  “La agricultura y forestación (por ejemplo campos de arroz) son responsables de un tercio de la emisión de gases de efecto invernadero”.
  •  “El promedio de la temperatura a nivel mundial subió 2,2º en 30 años”
  •  “Debido al ascenso en el nivel del mar, las costas del Caribe pierden entre 10 a12 metroslineales de playa por año”.
  •  “Se estima que a fines del siglo el nivel del mar subirá unos 50 metros”.
  •  “Por esta situación, Argentina necesitará 300 millones de dólares anuales en infraestructura dañada por inundaciones”.
  •  “El mar posee una acidez 30 veces mayor que hace 50 años”.
  • “13 millones de hectáreas al año desaparecen por acción depredativa en los bosques tropicales”.
  •  “Sólo el 40% de las especies no están amenazadas de manera crítica”.
  • “La expansión del área sojera traerá consigo el agravamiento  de fenómenos climáticos, pérdida de fertilidad de suelos, contaminación por agroquímicos y, a mediano plazo, generará daños económicos y sociales que nunca podrán ser cubiertos por los efímeros ingresos obtenidos»

Refiriéndose a la situación global :»Estamos en un momento crítico en la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. Tenemos un planeta maravilloso pero con riquezas que no hemos sabido valorarlas. Nuestra vida como sociedad depende de la diversidad natural que nos rodea. Ese ecosistema sin el cual no podemos vivir y al cual contribuimos en su destrucción con nuestra irracional interacción». A modo de introducción estas palabras sirvieron para continuar  responsabilizado a los intereses económicos  que mueven la política de  las grandes corporaciones y emporios (citó a Monsanto y Cargill) que son los que digitan el futuro global como un ente supranacional y omnipotente que arrasa con todo a su paso sin tener en cuenta el costo que en su carrera especulativa va deparando : «Esta es la forma en que la sociedad se ha desarrollado, distorsionando las relaciones humanas sobre una base consumista a partir de la cual es difícil entender el sentido de justicia y construir una civilización. Esa mentalidad nos está acabando, exportamos una humanización donde las relaciones sociales, de solidaridad y conciencia por el daño causado no tienen espacio para la expresión».
En este sentido, Müller argumentó que el efecto invernadero en el que se encuentra inmerso el planeta dada la emisión de gases nocivos (dióxido de carbono) a la atmósfera obedece a una maximización de los recursos económicos por sobre la responsabilidad social y ambiental. Así, delegó culpas para explicar este «proceso apocalíptico que la sociedad no logra comprender» en aquellas instancias de poder que han solidificado y condicionado lo que describió como un nuevo paradigma del desarrollo.
Muller señaló que la » pérdida de diversidad biológica, la desertificación, la pérdida de bosques, la desaparición de glaciares y la falta de agua» serán algunas de las consecuencias que en un corto plazo afectarán a nuestro planeta si no empezamos hoy a implementar programas que poco a poco reviertan esta situación.

«Esto- agregó- no es el trabajo de un gobierno. Esto debe involucrar a toda la sociedad . Tiene que haber una nueva forma de trabajar: con el corazón y no con el bolsillo. El cambio debe ser individual para que con el tiempo se convierta en un cambio grupal».

 

Algunos empresarios ya están reaccionando y aquellos empresarios que contaminan deben ir presos y no recibir premios como aquellas empresas- mencionó a Coca Cola y Monsanto- que anuncian que reducirán el 20 por ciento la contaminación y son felicitadas por algunos gobiernos. Las empresas deben incorporar a sus presupuestos el costo ambiental y poco a poco la situación puede ser revertida. Está en juego el futuro y por ello debemos involucrarnos ahora»,

«Gracias a la política seguimos parasitando nuestros recursos, requerimos nuevos liderazgos, gente que posea una visión de futuro que apele a la transparencia y equidad. Las soluciones no pueden provenir de este sistema degenerado en sí mismo, se necesita un verdadero replanteamiento, vinculación de nuestro corazón con las acciones que realizamos empañadas por la billetera y una mente especulativa», profirió.
Entre los datos que exhibió durante su exposición, el rector fundador de la Universidad para la Cooperación Internacional de Costa Rica, resaltó que el gasto en servicios ambientales que tiendan a revertir este orden mundial de inestabilidad biológica ronda desde los 252 a los 2.558 millones de dólares al año, una cifra que se ve reducida a una ínfima parte en relación a lo que obtiene por ganancia una empresa en su proceso industrial que finaliza en la degradación ambiental, tal guarismo se ubica en los 15 mil millones de dólares anuales.
Por ejemplo, este proceso devastador concretado en los ecosistemas ha provocado que el 60 por ciento de los arrecifes de América Central se encuentren dañados con un grado de irreversibilidad muy elevado, además de originar zonas marinas muertas por la consumición de oxígeno en el agua debido a los desechos industriales, así, cerca de 200 zonas muertas se extienden a nivel global con una extensión cercana, cada una de ellas, a los 200 kilómetros cuadrados.

Sobre Argentina

En el caso concreto de Argentina, el profesional puntualizó dos aspectos concomitantes pero con efectos disímiles causados por el cambio climático. Por un lado, esgrimió que «se producirá una reducción en torno al 30 por ciento en los canales hídricos en un plazo de 20 años lo que afectará en el orden del 40 por ciento la generación de energía hidroeléctrica». Sin embargo, señaló que el país se beneficiará en demasía «en cuanto a la productividad alimentaria hacia el año 2080 dada la desertificación total que experimentarán las tierras cultivables de Europa, Asia, América del Norte y regiones de África».
De este modo, Müller consideró que la falla en la que está incurriendo la humanidad se debe a una errónea valoración de los ecosistemas desde el punto de vista económico, espiritual y ético por lo que propuso planificar en conservación, organización social y desarrollo económico a través de políticas sustanciadas en la mitigación y adaptación.
«Debemos apelar a una reducción de las emisiones y absorción de carbono, reducir su consumo, optar por la utilización de energías alternativas sustentables, eliminar las energías fósiles. De lo contrario, tendremos que aprender a vivir con el cambio, lo cual nos costará casi 100 mil millones de dólares adaptarse a esta situación, monto que con el correr de los años se incrementará 20 veces si antes no sensibilizamos a la gente para que valore su entorno». Destacó cosas sencillas que cada uno puede hacer en su estilo de vida para reducir el consumo.
Al finalizar su presentación, Edurad Müller dejó bien en claro lo que está en discusión en todo este esquema de contrastes entre los beneficios individuales y las imperiosas necesidades colectivas: «Al paso que vamos, requeriremos de la biodiversidad de dos planetas para mantenernos ¿Es necesario colonizar otro planeta, si sería más fácil cuidar debidamente del que tenemos? El daño ambiental es un delito contra la humanidad y dejémonos de tonterías. Es un atentado contra la vida. Si no logramos eliminar el ego, la ambición y el poder no seremos partícipes de un nuevo amanecer».
Adela Alvarez-Ecosalud

9 de Marzo de 2013

Lic. Adela Álvarez

Miembro de la Comisión Cambio Climático del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil – Cancillería Argentina

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